domingo, 3 de julio de 2016

Una técnica efectiva

La fuerza física es fácilmente reconocible y por eso está siempre en el punto de mira de quienes practican las artes marciales. El objeto es realizar una técnica efectiva, pero se pretende con una especie de doble axioma: el golpe seco y la masa muscular.

Por bueno que seas, por mucha experiencia que tengas, es muy difícil hallar el golpe efectivo de esa manera. Un golpe seco es cortar un movimiento que no ha finalizado, lo que impide la “penetración” del mismo. Pero si ese golpe se da fuerte, entonces rebota, sobre todo en un blanco elástico como el abdomen o el pecho. A mayor masa muscular, el rebote es mayor.

Por otra parte, romper tablas, tejas, o ladrillos no significa nada, porque esos elementos son rígidos y el cuerpo humano no lo es. Tampoco da mayor penetración (y efectividad) el abuso del Makiwara o del saco. No obstante, lo que la mayoría hacen para ser “efectivos” es golpear el saco y hacer pesas, abusando de estas últimas en extremo. Pero ese abuso es un tiempo perdido.

El maestro Egami dijo que el cuerpo y el corazón son una cosa unida. Aquí hay que entender el corazón como mente. Dijo también que ambas cosas deben ser flexibles y que si haces flexible a la una, la otra también resulta flexible. Y que ambas deben ser tan flexibles como un bebé. Entonces, la efectividad parte de la posibilidad de concentrar todo tu ser en un punto. Pero, ¿cómo hacerlo?

Bien, eso lleva toda una vida. Aunque básicamente se trata de tener el cuerpo (y la mente) flexibles, golpear relajados, sin distracciones, sin cortar el movimiento, ni tampoco la respiración. Además, el cuerpo debe moverse correctamente, y no solo la fuerza, sino también la velocidad (por el desplazamiento), tiene que emerger de las caderas.

La dificultad de lo antedicho estriba en ciertos detalles. Primero, si la relajación es excesiva, el movimiento se vuelve demasiado lento. Para evitar esto, hay que concentrarse en relajar los hombros sin caer en una laxitud generalizada. En cualquier caso, hay que evitar elevar los hombros y usar los tríceps.

Por lo general, se cree que la velocidad aumenta en función de una mayor contracción de los tríceps, pero no es verdad. La velocidad depende de dos factores: el desplazamiento de las caderas y un mayor uso del sistema motor extrapiramidal. Eso redunda en la espontaneidad necesaria. Sin embargo, la gente entiende mejor los esquemas, aun cuando eso signifique no llegar a tiempo.

En cuanto a rapidez, hay una cuestión añadida y es que el tiempo es relativo, por lo tanto, uno debe de preocuparse por estar concentrado, sin pensamiento (Mushin). En general, cuanto más intenta uno ser rápido menos lo es, cuanto más fuerte más débil, y así sucesivamente. La vida no reserva ciertas paradojas que hay que comprender con la práctica.

Normalmente, lo que más corrijo a mis alumnos es la tensión en los hombros. Como he dicho, veo que los tienen demasiado altos en el momento de realizar un golpe con el puño, por ejemplo. Muchas veces cierro los ojos y escucho el ruido que hacen al golpear y por eso sé que los hombros están arriba.

Una de las cosas a las que más los animo es a ejecutar un movimiento de puño sin que apenas haya que contraer el tríceps, tan solo para moverse. Yo soy bastante rápido, sin embargo, a veces hago un Tsuki contrayendo el tríceps a la mayor velocidad posible y, a continuación, repito el movimiento sin esa contracción, partiendo únicamente de las caderas.

Al comparar ambos movimientos, resulta que el segundo no solamente es mucho más rápido, sino que no se le ve llegar. Sin embargo, estos son aspectos que no son meramente físicos, pues interviene el Ki a través de la respiración. Muchas personas resoplan cuando realizan sus técnicas, respiran fuerte y corto. La respiración debe ser diferente a eso, larga y profunda, aunque adaptable al desplazamiento de las caderas.

Al practicar de esta manera uno avanza sin darse cuenta, y lo más importante es que su interior también lo hace. En realidad, vivir no es otra cosa que experimentar la inmensidad que subyace en cada uno de nosotros. Esta no queda a la vista y eso nos puede engañar y quedar estancados.




No hay comentarios: