miércoles, 6 de enero de 2016

Keiko Kumite

Keiko significa reflexionar sobre el pasado a la hora de la práctica. El kumite o combate puede hacerse de una forma técnica o más informal, más dura o más suave. Practicar el kumite de una forma relajada y desprendida ayuda al no hacer en las artes marciales y también a comprender que no es necesario gastar energía ni fuerzas, ni parecer rudo. En cualquier caso, siempre hay que mirar a dentro de uno y tratar de que el oponente desaparezca de la mente de uno, actuando sin resistencias inútiles.


viernes, 1 de enero de 2016

El no hacer en las artes marciales

La espiritualidad nos inspira que todo es Uno. Sin embargo lo que la vida cotidiana nos inspira nada tiene que ver con eso. Son los conflictos, los miedos, las complicaciones, las que nos dominan. Igualmente la técnica en cualquier campo, convirtiéndose en un obstáculo, en vez de un medio. Y sobre todo el deseo, pero ¿de qué? De ir hacia una meta.

Al practicar las artes marciales tenemos una meta, un celo por la victoria, por ello nos entrenamos en las técnicas. Sin embargo, cuán pocos llegan a maestros, a pesar de los deseos y habilidades. Aun cuando uno está física y mentalmente preparado descubre un día que se estanca en su progreso y que va a fracasar de alguna manera. Va a hacerlo en el espíritu del Budô, no en el deporte, no en la competición, pero ¿y si la situación es de vida o muerte?

La situación es menos importante, no obstante, que liberarnos de dos cosas nocivas para nosotros: la dependencia a las técnicas y tácticas de lucha, y al adversario. A este último lo tenemos enfrente, personificando todo lo que nos inquieta. Estamos pendientes de lo que él hace e incluso lo calculamos de antemano. Lo que va a hacer suponemos que lo vamos a neutralizar con nuestras tácticas. Pensamos cómo atacar o defender mejor, buscamos el momento ideal para atacar, tratamos que él esté desprevenido.

Cuanto más depende uno de estas cosas más pierde su Budô, merma su alma, su ánimo. De ese modo el golpe decisivo llega tarde o demasiado pronto. O llegado el momento uno no sabe bien qué hacer. No consigue recordar sus tácticas, todo parece ir demasiado deprisa, incluso empieza a fallar la exhaustiva preparación física y se asfixia. Al final, como instinto puro de supervivencia, empiezan a volar pies y manos sin sentido. Pero entonces ¿qué es lo que podemos hacer?

El quid no está en hacer, sino en que la habilidad no esté subyugada a la mente. Primero aprende y practica la técnica, luego olvida la técnica. Observa al adversario igualmente y rápidamente olvídate de él y de lo que vaya a hacer. No fuerces lo que tenga que ocurrir. Pero todo esto no es nada fácil, hay un ego que va a boicotear la espontaneidad y por eso hace falta trabajo interior. En ese caso no solo hay que olvidarse del adversario, también de uno mismo y eso es aún más difícil.

El corazón, el interior ha de actuar sinérgicamente con la mente. Se requiere de un estado mental en el que no piensas, no tienes previsto nada, no buscas ningún resultado, no esperas nada concreto, pero este es un estado más bien espiritual. ¿Espíritu en las artes marciales?

Mis alumnos todavía se asombran por mi velocidad en los movimientos. A veces cuando parece que voy a recibir un golpe, en un instante son ellos los que lo reciben o son derribados en una acción que parecía imposible, más aún porque tengo cincuenta y cinco años. Pero yo les digo, no soy rápido por entrenar los tríceps, por ejemplo, en series de velocidad, ni por hacer trampas como vosotros. Simplemente me muevo a “la velocidad del no pensamiento, del no hacer”.

¿Y acaso es como la velocidad de la luz? No lo sé, pero la ausencia de ego hace mucho, deja al descubierto una fuerza poderosa que se halla en el presente. En todo caso, no estoy pendiente de lo que mi adversario hace, me muevo con él, hacia donde él quiere y de repente lo que sucede es el resultado de no perder tiempo en el hacer. Todo se vuelve Uno.

Sin embargo, hoy en día, todo el mundo está muy interesado en fortalecer el cuerpo de una forma exagerada, pero lo que hay que fortalecer es la respiración profunda y serena. También en lugar de templar la mente con estrategias de ajedrez es mejor templar el corazón.

Si a una persona enfurecida se le empuja cae fácilmente, también cuando acaba de realizar un gesto de euforia con los brazos en alto, cuando se la invita a pensar en lo que hace, o si se le hace tensar los músculos. Es porque ha perdido su Budô, su centro, y por consiguiente su temple. En cambio, si se la invita a mantenerse concentrada en su respiración, en silencio, sin hacer aspavientos y relajada, al empujarla no se mueve.

En la vida diaria esto se hace notar igualmente. En una situación difícil tenemos que mantener el estado en el que el pensamiento no sea un estorbo. Sin embargo, no es correcto pensar que no se deban sentir emociones, todo lo contrario. Pero estas deben crearse en el corazón y no surgir del pensamiento. Surgen más bien de un perfecto estado de alerta o vacío en el que participan todos los sentidos, sin necesidad de evaluar ni trazar plan alguno.