viernes, 16 de diciembre de 2016

Karate Duel, 14 de enero...

Ya tenemos fecha y lugar para el pase de la pelicula "Karate Duel, La leyenda continúa". Después de esa fecha estará on line y podrán verla quienes no hayan podido asistir.




viernes, 9 de diciembre de 2016

Acerca de Karate Duel, La leyenda continúa

Cuando vivir es una serie de eperiencias, todo cabe. En esta oacasión la experiencia ha sido posible gracias a unos amigos y alumnos; juntos, hemos llevado a cabo lo que parecía una ya pretérita idea de hacer una película. Se hizo un intento fallido en Super8 sin medios, sin nada, allá por el año 1979. Tampoco es que ahora hayamos contado con muchos medios, pero la intención es lo que cuenta, y la imaginación también.

Han pasado más de cuarenta años desde el principio de la práctica de las artes marciales, y en cierto modo se creó una leyenda a mi alrededor. Nos hemos dado cuenta, ahora al final del montaje, de que el sobrenombre de “La leyenda continúa” es una coincidencia que reporta un sentimiento entrañable, tal vez por contar con cincuenta y seis años de edad. No ha sido premeditado, pero concuerda una cosa con la otra. 

Entre leyendas o no, creo que he sido una pieza clave para el asentamiento de las artes marciales en mi ciudad natal: Segorbe, y lugares aledaños. No debe entenderse esto como una presunción, solo como una anécdota; en todo caso es de justicia, según mis alumnos. Yo me reservo la opinión pensando en el apotegma budista: “Id, Id juntos, hasta la consumación última”. El único problema es que todo el mundo quiere ir el primero mereciéndolo o no. 

Volviendo al tema de la película, cabe notar cierta singularidad en lo que toca a lo espiritual. Me refiero con ello a que siendo nuestro enfoque (filosofía) de Sogo, es decir, de mira y crecimiento interior no tendría cabida una película donde hay vencedores y vencidos. Sin embargo, no es lo externo lo que cuenta, sino lo que hay dentro. Uno puede parecer un monje y silenciosamente ser un ratero. Por el contrario, es posible que a pesar de las apariencias uno esté en paz consigo mismo y con el mundo.

En todo caso, la vida es paradójica y si se mira bien nuestra película es inocente, no es violenta ni exhibe héroes musculados, ni mucho menos un arsenal de armas, las cuales son solo la credencial del cobarde. No va de corrupción como todas las superproducciones, pues ni siquiera hace falta; la vida real es en sí misma la corrupción. Por eso quizá la ficción sea más inocua. En cualquier caso otras cosas de la ficción resultan realmente interesantes.

La verdad es que la magia del cine puede aportar cierta camaradería si se comienza con un espíritu correcto. Este ha sido nuestro caso. La experiencia ha incrementado nuestra ya consolidada amistad, nos ha proporcionado otra perspectiva de la camaradería y nos ha sumido en una nueva dimensión del buen humor, como puede verse en alguna que otra toma falsa que aparece al final de la película. También hemos aprendido, desde otro punto de vista, el hacer algo por gusto, sin finalidad alguna, lo que resulta raro en un mundo tan utilitario. 

Como digo, ha sido tan divertido como singular. Pero no todo han sido flores y violetas, la aventura se ha saldado con un quehacer espantoso: seis meses de rodaje y montaje, contando más de trescientas horas. Sobre todo, de aprendizaje, ya que todos somos principiantes en arte dramático, montaje, etc. Particularmente confieso que como actor soy pésimo, y que mi voz no deja de hacer gorgoritos, pero es lo que hay, aparte de entusiasmo.



















Cabe destacar que ni siquiera teníamos un guión como Dios manda, aun a pesar de mi experiencia como escritor, y que todo se ha ido haciendo un poco sobre la marcha. Pero yo creo que lo más terrible han sido las horas de ordenador tratando de convertir una nada en algo con el gastado método de probar, errar, y repetir cientos de veces. Aparte, la escasez de actores nos ha obligado a los disfraces y a la improvisación.

¡Qué verano! Pero al final hemos conseguido sacar a flote nada menos que treinta minutos de cortometraje; quizá, en cuestión de experiencias, sea de justicia mencionar las agujetas, siendo los movimientos un tanto diferentes de los de la práctica habitual y sobre todo tan repetitivos. Cada escena de lucha ha contado con no menos de ocho o diez repeticiones (una exigencia de nuestro director), aunque a pesar de ello los errores son inevitables. Si he de decir la verdad, después de cada rodaje he quedado para el arrastre. No por la edad como se pueda pensar, sino por la entrega. 

Por el momento hemos abierto una página en Facebook: S. B. K. World Movies (se agradecen de corazón los “me gusta” con el fin de promocionar la película) y hemos publicado un trailer en YouTube. En breve la película estará lista para estrenar y publicar. Puede que nos falten los “Oscar”, pero contamos con dulces navideños y champán para celebrar el final de tan inusitada aventura. 



lunes, 5 de diciembre de 2016

Trailer de "Karate Duel, La leyenda continúa"

Por fin está listo el Trailer de Karate Duel, y en muy breve podremos ver la película completa, cuya sinopsis es:

"Una chica, amiga de Tony Narita, es raptada con la finalidad de obligarlo a un duelo sin tregua que ponga fin a su leyenda como Karateka, pero la leyenda continuará si logra liberar a su amiga". 


sábado, 3 de diciembre de 2016

Karate Duel, La leyenda continúa

El grupo de karatekas de Seiki Budô Karate nos hemos aventurado a rodar y montar una película, la cual estará lista en una o dos semanas. Puede que haya sido una terrible experiencia, pero también muy gratificante. 




















 


















Hemos comenzado con la promoción de “Karate Duel, La leyendacontinúa” lo que puede verse en el enlace. El video que sigue es una escena de la película.


video

domingo, 3 de julio de 2016

Una técnica efectiva

La fuerza física es fácilmente reconocible y por eso está siempre en el punto de mira de quienes practican las artes marciales. El objeto es realizar una técnica efectiva, pero se pretende con una especie de doble axioma: el golpe seco y la masa muscular.

Por bueno que seas, por mucha experiencia que tengas, es muy difícil hallar el golpe efectivo de esa manera. Un golpe seco es cortar un movimiento que no ha finalizado, lo que impide la “penetración” del mismo. Pero si ese golpe se da fuerte, entonces rebota, sobre todo en un blanco elástico como el abdomen o el pecho. A mayor masa muscular, el rebote es mayor.

Por otra parte, romper tablas, tejas, o ladrillos no significa nada, porque esos elementos son rígidos y el cuerpo humano no lo es. Tampoco da mayor penetración (y efectividad) el abuso del Makiwara o del saco. No obstante, lo que la mayoría hacen para ser “efectivos” es golpear el saco y hacer pesas, abusando de estas últimas en extremo. Pero ese abuso es un tiempo perdido.

El maestro Egami dijo que el cuerpo y el corazón son una cosa unida. Aquí hay que entender el corazón como mente. Dijo también que ambas cosas deben ser flexibles y que si haces flexible a la una, la otra también resulta flexible. Y que ambas deben ser tan flexibles como un bebé. Entonces, la efectividad parte de la posibilidad de concentrar todo tu ser en un punto. Pero, ¿cómo hacerlo?

Bien, eso lleva toda una vida. Aunque básicamente se trata de tener el cuerpo (y la mente) flexibles, golpear relajados, sin distracciones, sin cortar el movimiento, ni tampoco la respiración. Además, el cuerpo debe moverse correctamente, y no solo la fuerza, sino también la velocidad (por el desplazamiento), tiene que emerger de las caderas.

La dificultad de lo antedicho estriba en ciertos detalles. Primero, si la relajación es excesiva, el movimiento se vuelve demasiado lento. Para evitar esto, hay que concentrarse en relajar los hombros sin caer en una laxitud generalizada. En cualquier caso, hay que evitar elevar los hombros y usar los tríceps.

Por lo general, se cree que la velocidad aumenta en función de una mayor contracción de los tríceps, pero no es verdad. La velocidad depende de dos factores: el desplazamiento de las caderas y un mayor uso del sistema motor extrapiramidal. Eso redunda en la espontaneidad necesaria. Sin embargo, la gente entiende mejor los esquemas, aun cuando eso signifique no llegar a tiempo.

En cuanto a rapidez, hay una cuestión añadida y es que el tiempo es relativo, por lo tanto, uno debe de preocuparse por estar concentrado, sin pensamiento (Mushin). En general, cuanto más intenta uno ser rápido menos lo es, cuanto más fuerte más débil, y así sucesivamente. La vida no reserva ciertas paradojas que hay que comprender con la práctica.

Normalmente, lo que más corrijo a mis alumnos es la tensión en los hombros. Como he dicho, veo que los tienen demasiado altos en el momento de realizar un golpe con el puño, por ejemplo. Muchas veces cierro los ojos y escucho el ruido que hacen al golpear y por eso sé que los hombros están arriba.

Una de las cosas a las que más los animo es a ejecutar un movimiento de puño sin que apenas haya que contraer el tríceps, tan solo para moverse. Yo soy bastante rápido, sin embargo, a veces hago un Tsuki contrayendo el tríceps a la mayor velocidad posible y, a continuación, repito el movimiento sin esa contracción, partiendo únicamente de las caderas.

Al comparar ambos movimientos, resulta que el segundo no solamente es mucho más rápido, sino que no se le ve llegar. Sin embargo, estos son aspectos que no son meramente físicos, pues interviene el Ki a través de la respiración. Muchas personas resoplan cuando realizan sus técnicas, respiran fuerte y corto. La respiración debe ser diferente a eso, larga y profunda, aunque adaptable al desplazamiento de las caderas.

Al practicar de esta manera uno avanza sin darse cuenta, y lo más importante es que su interior también lo hace. En realidad, vivir no es otra cosa que experimentar la inmensidad que subyace en cada uno de nosotros. Esta no queda a la vista y eso nos puede engañar y quedar estancados.




martes, 15 de marzo de 2016

1986 Karate en Segorbe

La erosión del tiempo, aunque no exista más que en el percibir mental, se distingue en los rostros, también en los lugares, como el escenario en que se hizo aquella demostración de Karate, en septiembre de 1986, en Segorbe, la tierra donde me posé al nacer.

La nostalgia de la juventud surge, a veces, como una resistencia contra la erosión, pero en mi “yo” de aquel entonces no es solo juventud lo que veo, más que eso veo inexperiencia, ignorancia, e incluso una arrogancia que desafía al tiempo, pero también algo que no vibra en todos y que se forja en la fragua, con el templado.

La diferencia es abismal, veo ahora, en mi edad añosa, cualidades que no puedo encontrar en aquellos tiempos, como en esta antigua demostración. Pero no las da el tiempo, como algunos piensan, sino el ser un buscador nato, un espíritu independiente que, accidentalmente o no, descubre que no existe ningún “yo” que proclamar.

Me he obstinado en sacar a la luz ese raudal oculto que con tanta facilidad se convierte en un fósil. No se puede dejar de aprender, no se puede dejar de vivir. Pero vivir es morir y por eso tengo pensado morir como un “mushashugyosha”, un guerrero errante que sabe morir con los ojos cerrados.

Eso indica que todo ha ido bien, una vida plena y utilizada al máximo, sin anhelar demasiado, sin esperar nada, salvo lo inesperado. Sin necesitar gran cosa, haciendo hervir la alegría que no precisa de absolutamente nada y que viaja junto al infinito poder del no-yo. Pero antes uno tiene que aprender a ser consciente de ser consciente.

El arte es algo sacro, no una rutina, y las artes marciales son arte. Debe uno evolucionar en ellas sin el lastre de los grados, títulos, premios, reconocimientos que guardar en una gélida nevera. Me emociona poder decir que antes era un karateka, pero que ahora soy arte en un corazón que late. De la misma manera, las técnicas “waza” deben intuirse como “Kami-waza”, es decir, que roza lo sagrado.

La práctica me ha llevado más lejos que el concepto de deporte y técnica. Pero no es fácil avanzar sin el espíritu que observa y que también es cotidiano. Ese espíritu es asimismo Zen, pues, cada día menos, comemos cuando estamos comiendo o dormimos cuando estamos durmiendo a pesar de tener hambre o sueño.

No practicamos las artes marciales, tampoco, cuando estamos practicando. Todo toma un camino equivocado en el que se hacen cosas, pero en realidad se está pensando mientras se hace y eso arruina la experiencia y el saber. Lo que se piensa son las técnicas, lo que uno ostenta, lo que uno pretende, etc.

Ahora, al cabo de tantos años, sé que lo que importa no es la erosión en los rostros, sino el cambio en el carácter. Porque si no hay cambios es que algo anda mal y para saberlo hay que abrir la consciencia como la flor de loto. Eso, sin olvidar aquellos años, un recuerdo que es un presente a mis compañeros de entonces.

Con Kimochi,
Arigato Gozaimashita




domingo, 28 de febrero de 2016

Bassai Dai 1986

Hace ya treinta años, una Kata: Bassai Dai, tenía veintiséis. ¡Qué pena! Muchas veces he pensado en volver a esa edad, pero ¿cómo? Sin embargo, más importante es el por qué y para qué. ¿Qué sería de lo aprendido en esos treinta años?

Imagino que dentro de otros treinta, será normal querer ir hacia atrás, aunque creo que ya no, pues es cosa de prepararse para el final y ver qué hay en la maleta para poder llevar. Hay cosas que sirven y otras que no, como seres humanos y como artistas marciales.

Una de las cosas de las que he procurado deshacerme es la rutina. No me imagino, dentro de las artes marciales, haciendo lo mismo que hace décadas, y no lo haría así mejor, sino mucho peor, por ser más viejo. Pero si ahora lo hago mejor es por haber roto con la rutina, que a tantos ata, y haberme lanzado a lo invisible. 



domingo, 21 de febrero de 2016

Keiko Movies Kumite

Un entrenamiento "espontáneo" en Hagi Dojô con vistas a próximos cortometrajes. Fue pensado y hecho, no se preparó nada. Pero fue divertido y rompe bastante la rutina.



domingo, 7 de febrero de 2016

Un punto de equilibrio en el corazón del hombre.

Las artes marciales se han colocado en dos opciones, dos interpretaciones, dos enfoques: uno externo y otro interno. Con el primero se enseñan las técnicas, lo que el cuerpo es capaz de hacer con un entrenamiento, a golpear fuerte con las manos y los pies, a derribar y luxar con contundencia.

Sin embargo, una mula será capaz de dar coces, mucho más fuerte que patadas un hombre, el zarpazo de un oso será muy superior a cualquier puñetazo, un toro nos hará volar por el aire sin entrenamiento alguno y una boa nos estrangulará hasta asfixiarnos, en segundos.

Naturalmente, no hace falta vencer a un oso, basta con una persona, se persuadirá cualquiera. ¿Y si lleva una ametralladora? Ah, no, hablamos de deporte, basta con ganar la batalla controlada. O un altercado callejero de poca monta. Da lo mismo, pero la práctica está dirigida al cuerpo, por eso se entrena el músculo, se golpea a un saco y se endurecen los miembros.

El otro enfoque es interno, no trata de derribar enemigos físicos por la fuerza, ni por la mera técnica. Estos son otros, la ira, el miedo. Pero sobre todo el enemigo es uno mismo, por lo tanto apunta al crecimiento interior, dando importancia al Ki, un término indefinible que tiene sus escépticos y sus fanáticos.

En este punto sobreviene un problema que no es menos limitante que entrenar para golpear fuerte. Algunas personas no entienden la práctica interna y la convierten en ilusionismo, pegan su Ki al engreimiento, de la misma forma que otros pegan su engreimiento a sus músculos, pero no crecen por dentro, más que en sueños de grandeza. No comprenden el Ki ni la respiración.

¿Qué hacer, entonces? Bueno, a mí no me gustan los extremos. Por eso me retiro de los deportes que no tienen espíritu, pero también de un exceso de misticismo, que no necesariamente conlleva espíritu. El término medio y el espíritu, yo lo encuentro en el Budô, por lo tanto no hay mucha diferencia entre Boxeo, lucha libre y Karate, por ejemplo, pero sí la hay si hablamos de Budô-Karate o cualquier otro Budô.

Siendo así, podemos unir la mente al cuerpo, pues de lo contrario, unos usan solo el cuerpo y otros la mente creyendo que es el espíritu. En cualquier caso, puedes decidir golpear con un pie, por ejemplo, pero entre esa decisión y la acción pasa demasiado tiempo. El que se entrena solo en lo físico no decide a tiempo. El que descuida el cuerpo no lo mueve a tiempo.

A veces hablamos de expresar los movimientos, pero la más bella expresión surge de la perfecta unión entre cuerpo y mente. Y cuando esto ocurre los movimientos fluyen en el Ki. Pero no es algo místico para mí, sino algo propio de la naturaleza salvaje. Los animales se mueven con esa unión de cuerpo-mente. Pero en nosotros cada cual va por su lado y eso influye incluso en la salud.

La mente impone criterios al cuerpo que son contrarios a su inteligencia, de modo que la energía, el Ki se divide en partes que luchan entre sí. Es fácil enfermar de esta manera y, de la misma manera, en las artes marciales, hacemos que la mente y el cuerpo se enfrenten, en vez de trabajar juntas en un punto de concentración. Hemos oído decir “mente sana en cuerpo sano”, pero no es más cierto que su contrario: “cuerpo sano en mente sana”.

Como he contado algunas veces, hago técnicas imposibles de hacer en ciertas circunstancias, pero se debe a que mi mente y mi cuerpo trabajan juntos. Cada técnica se desarrolla de un modo natural y la naturaleza expresa lo interno y lo externo al mismo tiempo. En cierta manera las artes marciales soportan el artificio, como todo, pero la mente es la que contiene los artificios. En ese estado irreal, no puede decirse que uno está practicando correctamente. Así pues, entre lo externo y lo interno hay un punto de equilibrio en el corazón del hombre.




miércoles, 6 de enero de 2016

Keiko Kumite

Keiko significa reflexionar sobre el pasado a la hora de la práctica. El kumite o combate puede hacerse de una forma técnica o más informal, más dura o más suave. Practicar el kumite de una forma relajada y desprendida ayuda al no hacer en las artes marciales y también a comprender que no es necesario gastar energía ni fuerzas, ni parecer rudo. En cualquier caso, siempre hay que mirar a dentro de uno y tratar de que el oponente desaparezca de la mente de uno, actuando sin resistencias inútiles.


viernes, 1 de enero de 2016

El no hacer en las artes marciales

La espiritualidad nos inspira que todo es Uno. Sin embargo lo que la vida cotidiana nos inspira nada tiene que ver con eso. Son los conflictos, los miedos, las complicaciones, las que nos dominan. Igualmente la técnica en cualquier campo, convirtiéndose en un obstáculo, en vez de un medio. Y sobre todo el deseo, pero ¿de qué? De ir hacia una meta.

Al practicar las artes marciales tenemos una meta, un celo por la victoria, por ello nos entrenamos en las técnicas. Sin embargo, cuán pocos llegan a maestros, a pesar de los deseos y habilidades. Aun cuando uno está física y mentalmente preparado descubre un día que se estanca en su progreso y que va a fracasar de alguna manera. Va a hacerlo en el espíritu del Budô, no en el deporte, no en la competición, pero ¿y si la situación es de vida o muerte?

La situación es menos importante, no obstante, que liberarnos de dos cosas nocivas para nosotros: la dependencia a las técnicas y tácticas de lucha, y al adversario. A este último lo tenemos enfrente, personificando todo lo que nos inquieta. Estamos pendientes de lo que él hace e incluso lo calculamos de antemano. Lo que va a hacer suponemos que lo vamos a neutralizar con nuestras tácticas. Pensamos cómo atacar o defender mejor, buscamos el momento ideal para atacar, tratamos que él esté desprevenido.

Cuanto más depende uno de estas cosas más pierde su Budô, merma su alma, su ánimo. De ese modo el golpe decisivo llega tarde o demasiado pronto. O llegado el momento uno no sabe bien qué hacer. No consigue recordar sus tácticas, todo parece ir demasiado deprisa, incluso empieza a fallar la exhaustiva preparación física y se asfixia. Al final, como instinto puro de supervivencia, empiezan a volar pies y manos sin sentido. Pero entonces ¿qué es lo que podemos hacer?

El quid no está en hacer, sino en que la habilidad no esté subyugada a la mente. Primero aprende y practica la técnica, luego olvida la técnica. Observa al adversario igualmente y rápidamente olvídate de él y de lo que vaya a hacer. No fuerces lo que tenga que ocurrir. Pero todo esto no es nada fácil, hay un ego que va a boicotear la espontaneidad y por eso hace falta trabajo interior. En ese caso no solo hay que olvidarse del adversario, también de uno mismo y eso es aún más difícil.

El corazón, el interior ha de actuar sinérgicamente con la mente. Se requiere de un estado mental en el que no piensas, no tienes previsto nada, no buscas ningún resultado, no esperas nada concreto, pero este es un estado más bien espiritual. ¿Espíritu en las artes marciales?

Mis alumnos todavía se asombran por mi velocidad en los movimientos. A veces cuando parece que voy a recibir un golpe, en un instante son ellos los que lo reciben o son derribados en una acción que parecía imposible, más aún porque tengo cincuenta y cinco años. Pero yo les digo, no soy rápido por entrenar los tríceps, por ejemplo, en series de velocidad, ni por hacer trampas como vosotros. Simplemente me muevo a “la velocidad del no pensamiento, del no hacer”.

¿Y acaso es como la velocidad de la luz? No lo sé, pero la ausencia de ego hace mucho, deja al descubierto una fuerza poderosa que se halla en el presente. En todo caso, no estoy pendiente de lo que mi adversario hace, me muevo con él, hacia donde él quiere y de repente lo que sucede es el resultado de no perder tiempo en el hacer. Todo se vuelve Uno.

Sin embargo, hoy en día, todo el mundo está muy interesado en fortalecer el cuerpo de una forma exagerada, pero lo que hay que fortalecer es la respiración profunda y serena. También en lugar de templar la mente con estrategias de ajedrez es mejor templar el corazón.

Si a una persona enfurecida se le empuja cae fácilmente, también cuando acaba de realizar un gesto de euforia con los brazos en alto, cuando se la invita a pensar en lo que hace, o si se le hace tensar los músculos. Es porque ha perdido su Budô, su centro, y por consiguiente su temple. En cambio, si se la invita a mantenerse concentrada en su respiración, en silencio, sin hacer aspavientos y relajada, al empujarla no se mueve.

En la vida diaria esto se hace notar igualmente. En una situación difícil tenemos que mantener el estado en el que el pensamiento no sea un estorbo. Sin embargo, no es correcto pensar que no se deban sentir emociones, todo lo contrario. Pero estas deben crearse en el corazón y no surgir del pensamiento. Surgen más bien de un perfecto estado de alerta o vacío en el que participan todos los sentidos, sin necesidad de evaluar ni trazar plan alguno.